domingo, 10 de mayo de 2009

¡A la ducha final!

Cada uno mea dónde y como quiere.

SON contadas las ocasiones en las que un vicio se convierte en virtud y esta es una de ellas. Una campaña brasileña, que ya está dando la vuelta al mundo, propone que orinemos en la ducha para así ahorrar el montón de litros de agua que desperdiciamos cada vez que tiramos de la cadena del inodoro. Así, de un plumazo, los guarros acabamos de convertirnos en ecologistas de pro que hacemos más por el planeta que todos esos que siguen las costumbres tradicionales al pie de la letrina.

A falta de elegir una musa, que con toda seguridad será Mercedes Milá por su contribución televisiva al movimiento miccionario, ya hay algunas voces que llaman a defender esta propuesta hasta la ducha final. Las adhesiones se cuentan por miles, tantas, que sospecho que muchos de ellos ya militaban en la clandestinidad y sólo esperaban una excusa para salir del armario del baño.

Ahora habrá que elaborar unos estatutos y regular esta iniciativa un tanto asamblearia y trasversal para que no derive en excisiones contraproducentes. Por ejemplo, ya hay una corriente de opinión que ha llevado el argumento ecologista al extremo y quiere completar en la ducha sus funciones fisiológicas completas, cuando no su particular control de natalidad, y ahorrar de esta forma no sólo agua sino también papel higiénico y kleenex .

Serían necesarios también algunos cursos formativos para quienes sufren de la próstata, ya que pueden gastar en la ducha más agua de la que ahorran; y para el sector opuesto, aquellos incapaces de aguantarse las ganas hasta que llegue la hora de su ducha semanal.

Por no citar a los movimientos antisistema, que proponen hacerlo en los árboles del parque y dejarse de hostias. Yo me meo con estos tíos.
Josetxu Rodríguez

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